martes, 30 de noviembre de 2010

Montañas de Riaza


Macizo del Pico del Lobo (2.274 m.)

En esta ocasión no hay ruta que describir, sino unas fotos del entorno de Riaza unos días antes de que llegara el temporal de nieve de finales de noviembre. Mucho frío, aunque aún poca nieve. Varios meses sin pasar por la sierra de Ayllón, y otros más que pasarán hasta la siguiente visita.


Embalse de Riofrío de Riaza, con la Buitrera y el Porrejón al fondo


Pico del Granero y Peña de la Silla, de izquierda a derecha, sobre el hayedo de la Pedrosa


Riofrío de Riaza, bajo el Cerro del Fontarrón


miércoles, 3 de febrero de 2010

Altos de Pradera de la Cueva (en bici)


Valle del río Sorbe, desde los Altos de Pradera de la Cueva

Por el sur de Cantalojas discurre el agreste desfiladero del río Sorbe, que si estuviera formado por roca caliza, sin duda tendría un aspecto sobrecogedor. Con 300 metros de desnivel de fuerte pendiente por cada lado y numerosos roquedos (aunque no continuos), resulta un reclamo interesante de estos arrabales de la sierra de Ayllón, aunque poco conocido.

En la ruta que se describía en una de las primeras entradas de este blog, recorría en bicicleta el cordal que bordea el desfiladero por el sur, pero las vistas sobre el cañón desde ese lado no resultan muy vistosas, máxime cuando la ladera más vertical es justo la de ese lado y no se ve por estar por debajo.


Cantalojas. En este cruce empezaba la ruta

En esta ocasión, también en bicicleta, tocaba explorar el cordal opuesto, que se encuentra entre Cantalojas y el río. Hay tres pistas forestales diferentes para acceder al Alto de Pradera de la Cueva, que en algunos sitios lo llaman en plural. La más occidental de las tres sale del cruce entre la carretera de Cantalojas al hayedo y el desvío al cámping. Recientemente, el tramo inicial se ha asfaltado, para dar acceso a un polígono ganadero que se está construyendo trescientos metros más allá. Según acaban las calles del polígono, también acaba el asfalto, y se convierte en pista de tierra, que es como viene desde el principio en el mapa de la Tienda Verde de la Sierra de Ayllón y Ocejón.


El Polígono Ganadero de Cantalojas, aún en construcción

Al llegar al fondo de la primera vaguada, muy poco después, tomé un camino o rodada que salía a mano derecha y que, siguiendo el fondo de la hondonada, se introducía en un pinar. No era lo previsto, pero como no tenía intención de volver por allí, y sabía que la ruta de ese día iba a ser corta, me apetecía conocer otros andurriales. Por ejemplo, descubrí que la Casa de la Tejera ya está en ruinas, y que el camino no iba a ninguna parte.


Recogidos paisajes del páramo del norte de Guadalajara, a mil doscientos metros de altura


Casa de la Tejera

Volviendo atrás a la pista, se enfrenta uno a una larguísima recta que discurre por una ancha brecha en el pinar, de poca pendiente, pero agotadora por lo monótono. Llegando a unos 1.400 metros de altura, sale otra pista a mano derecha, de peor calidad, que seguí unos centenares de metros, pero que cuando empezó a perder altura bruscamente abandoné; se dirige hacia el Centro de Interpretación del parque natural, o por lo menos en esa dirección.


En la pista, antes de acometer la larga y monótona recta


Ésta misma

Poco después, un camino sale a la izquierda, y atraviesa primero el pinar y luego penetra en un rebollar muy denso, que termina cegando el paso. Vuelta atrás de nuevo. La pista principal gira ahora hacia la izquierda. Otro camino a la derecha. ¿Qué hago? ¿Vuelvo a perder el tiempo y lo sigo? Bueno...


Ya se van viendo las montañas más altas del parque natural de la Tejera Negra


Y el Alto de Majada de la Sierra, cuya ascensión se narra en otra entrada

Un primer quiebro del camino a la izquierda, y otra larga recta, aparentemente arrasada por alguna lluvia torrencial, que me obliga a echar pie a tierra, por lo irregular del firme. Se atraviesa una zona bastante abierta en el pinar, pero luego se vuelve a cerrar y, tras un estrecho pasillo oscuro, se hace la luz y salgo a una grandísima extensión de hierba en lo alto de la montaña. Ha merecido la pena llegar hasta aquí, pero poco después descubriré que por partida doble. Unas colmenas con aviso al incauto a poca distancia, y el camino desaparece en el pasto. A la izquierda, el cordal se vuelve a cerrar de bosque, mezcla de pino y roble. Por la derecha continúa abierto, y al fondo se ven unas grandes peñas, a las que me dirijo. Bajo ellas, dos hermosos corrales unidos entre sí, y más allá, muy abajo, el río Sorbe. Dejo la bicicleta, y recorro el borde de las peñas a pie. Parece haber un auténtico abismo debajo. Llego hasta el borde y contemplo el río y el cordal que recorrí la otra vez.


Un oscuro pasillo lleva a lo más alto del cordal...


...donde el espacio abierto y las peñas sustituyen al bosque.


Antiguos corrales al pie de las peñas


La Loma del Pinarejo desde lo alto de las peñas


La cumbre


Y abajo, el río Sorbe

Bajando después al corral, veo que las peñas no eran tan altas como parecía desde arriba, aunque luego más abajo sigue habiendo más roquedos y contribuye a dar un cierto sentido de continuidad al precipicio. Estas peñas desconozco si son el Alto de Pradera de la Cueva o si son los riscos occidentales de los Altos de Pradera de la Cueva. Para averiguar si existe la tal cueva y si puedo localizarla, decido seguir investigando.


Por enésima vez, vuelvo a la pista

Vuelvo a la pista principal y tomo el siguiente camino que, paralelo más o menos al anterior que me llevó a las peñas, calculo que me puede llevar a otras cimas del cordal. Pero al final resulta acabar casi en el mismo sitio que el anterior, doscientos metros más el este. Una vez más, vuelvo a la pista principal, donde comienza una empinada cuesta. Casi llegando arriba, nuevamente, otro camino (éste de mayor calidad que los anteriores) se vuelve a internar en el bosque, siguiendo la misma dirección que los dos anteriores que tomé. Tengo la impresión de que me va a llevar hasta el río, porque cuando estaba en las peñas vi un vehículo todoterreno circulando por aquí. Pero después de perder sólo un poco de altura una vez pasado el cordal, bruscamente termina junto a una cruz plantada en la hierba. Una placa indica que por allí falleció un vecino de la zona hace muchos años.


En medio de la nada, en las alturas, una cruz


Por milésima vez, regreso a la pista principal, donde termino lo que me quedaba de cuesta, e ignorando la que sale a la izquierda (la segunda de las tres pistas que dije al principio que subían hasta el cordal y que aparece como sendero en el mapa) ,voy hasta el siguiente cruce, donde me encuentro con la tercera, que se desdobla en su parte final en otras dos, como se puede ver en el mapa. Decido entonces dejar esta tercera pista y su continuación que desciende hasta el río Sorbe para otro día, y doy marcha atrás para tomar la segunda pista y bajar a Cantalojas.

Un recorrido de descenso tan monótono y repetitivo como el de ascenso inicial, que me deja en la vaguada que encontré tras el polígono ganadero, sólo que ahora con un arroyo corriendo por ella. Un corto repecho para salir del valle, y el último descenso hasta el mismo pueblo de Cantalojas.


Llegando en descenso a la vaguada, ahora con arroyo




La rampa de salida de la vaguada...


...y el descenso final a Cantalojas, fin de ruta.




miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ocejón desde Campillejo (a pie)


El Ocejón (2.048 m.), visto desde el llano de Guadalajara. La ruta desde Campillejo asciende por la línea que forma el sol y la sombra

El Ocejón es la montaña más famosa de Guadalajara, aún sin ser la más alta. Pero su característica silueta es visible desde prácticamente toda la provincia, cosa que no sucede con las otras cumbres de mayor altura. Es una montaña relativamente aislada del resto, coronando lo que en algunos lugares se cita como Sierra del Ocejón, que viene a ser un ramal desgajado del núcleo principal de la sierra de Ayllón, pero siempre por encima de los 1.500 metros de altura, lo que impide que sea una sierra independiente.


Campillejo, uno de los pueblos negros de Guadalajara


Típicos muros de piedra de la zona, con grandes lajas verticales intercaladas

La subida al Ocejón desde Campillejo no es de las más habituales, como son la que parte desde Majaelrayo o la que sube desde Valverde de los Arroyos. Además, desde Campillejo no es una ruta limpia ni de clara orientación, como más adelante veremos. Pero tiene el aliciente de lo desconocido y, en su parte superior, una visión del Ocejón quizá más salvaje que por el resto de las vertientes.


Campachuelo (1.899 m.), y la pista que nos saca de Campillejo

Algo más de la mitad inicial del recorrido se puede hacer en bicicleta de montaña, pero la segunda parte no es ciclable en absoluto, lo que nos obligaría a ocultar la bicicleta en algún lugar. Además, si vamos en bicicleta, debemos llevar pantalón largo para cambiarnos, pues la lucha con la vegetación que se avecina lo recomienda. En mi caso, el recorrido lo hice totalmente a pie, resultando un total de unos 20 kilómetros. No es que esté realmente tan lejos, pero los zigzagueos de la pista que sale de Campillejo le van añadiendo distancia.


La agreste cara norte del Pico de la Centenera (1.810 m.)

A la entrada de Campillejo, llegando desde Tamajón, junto a una casa aislada a la derecha sale una pista de tierra rectilínea, que a la salida del pueblo atraviesa una cancilla para el ganado. Continúa en línea recta desde el inicio durante un kilómetro, en que comienza a subir ligeramente hacia la derecha, internándose en el pinar. Vamos ahora de un lado al otro, ganando altura sin gran pendiente, hasta el collado de Soria, a 1.412 metros de altura. Poco antes de llegar a él, encontré un camino a la izquierda que subía con mucha pendiente entre las jaras. En breve alcanza una cumbre rocosa aislada que sirve de mirador.


Ocejón (dcha.) y Ocejoncillo (1957 m., izqda.)


Muy de cuando en cuando, entre el pinar asoma alguna especie autóctona, como este buen roble centenario


Ocejón (2.048 m.) y Cabeza de Mostajar (1.839 m.), desde unas peñas a un lado de la pista


Ampliación, con el tramo final de la ruta a la cumbre, que no se ve, porque está aún más allá

En el collado de Soria no hay prácticamente vistas panorámicas, porque los bordes del pinar por ambos lados sólo dejan ver la línea del horizonte. Tampoco es un lugar que tenga nada de especial, por lo que girando a la izquierda, ahora ya por un camino, se va ascendiendo por el cordal. En el mapa militar figura que ese camino recorre toda la cuerda hasta la misma cumbre del Ocejón, pero viendo desde abajo lo rocoso del tramo final, ya me iba extrañando. Por lo que luego vi, parece que el camino daba acceso a la repoblación de pinos, que lo fue engulliendo con el tiempo. Pero más arriba del pinar no hay indicios de que nunca hubiera existido un camino. Dejamos a la izquierda un diminuto corral junto a unas rocas, y poco más arriba, dos pinos aislados hacen de puerta al pinar. Aquí el camino, que ya estaba algo inundado de vegetación, se convierte en un sendero estrecho, y poco después, se le pierde el rastro.


El Collado de Soria (1.415 m.). Al fondo, Cabeza de Mostajar, Ocejón y Ocejoncillo


La primera gran cuesta del día, a unos 1.540 metros de altura, donde es difícil localizar el sendero. Parte del final del claro más grande que hemos encontrado desde el final del camino


Vista atrás desde la subida hacia el claro de la foto anterior

Más o menos se puede intuir la salida del denso pinar a un estrecho claro alargado con una hilera de rocas a la derecha. El pinar aquí se abre y encontramos algunos hitos que se dirigen hacia la derecha, pero entre las jaras no hay ya ningún sendero ni nada que se le parezca. No se avanza con grandes problemas, y se alcanza otro claro, más grande, y aún otro más allá, el mayor de todos. Aquí aparece de nuevo el pinar a la derecha y comienza la subida de verdad. Estamos en la base de la Cabeza de Mostajar, aparentemente impenetrable. El inicio del sendero desde el borde del claro no se ve, pero está pegado a los pinos. Superados los primeros metros, se aprecia ligeramente el sendero, que va enlazando hitos muy aislados y poco visibles, hasta llegar a la primera terraza, donde se conserva un viejo chozo de pastores con el tejado intacto.


Un chozo aún en pie, a unos 1.600 metros de altura


Esta foto está tomada desde el último hito. A la derecha se ve un pasillo de jaras entre el rebollar y el pinar. El rebollar es impenetrable y se ve que sube hasta arriba. La única opción está por la derecha

Un hito nos indica que se bordea la cabaña por la derecha, para penetrar de nuevo en las jaras. Aquí encontramos el último de todos los hitos. Ante nosotros, un pasadizo de jaras de unos veinte metros de anchura y unos doscientos de largo entre el rebollar de la izquierda y el pinar de repoblación de la derecha. Primero por el centro, luego pegado al rebollar, de nuevo al centro, y por último a la derecha del todo, junto al pinar, una especie de sendero se va abriendo paso por entre las de otro modo imposibles de atravesar jaras. Se termina el pinar por hoy.


Algo más arriba del final del pinar, todo parece acabarse...

Ahora ya es todo jara, menos por la izquierda, que continúan los rebollos. No hay hitos, no hay ni lo más parecido a un sendero, aunque no se avanza mal. Ahora, ¿por dónde? Aparece una especie de pasillo ancho tapizado de piedras pequeñas y sueltas, que permite ganar algo de altura, pero al pie de las rocas que cierran todo el frente de la montaña no hay nada, y más a la izquierda, donde no hay rocas, el rebollo es una barrera impenetrable. Recorro toda la base de las rocas hacia la derecha, y justo al llegar al borde del cordal, veo que por entre las rocas parece no poder subirse mal. Con el convencimiento pleno de que voy a subir unos metros y ahí se va a acabar la ruta, hago un último intento, que para eso venía convencido de que iba a llegar hasta la cima del Ocejón y no me voy a rendir a las primeras de cambio.


...pero en el extremo derecho del cordal, parece que hay alguna opción


Poco a poco, los roquedos y los rebollos disminuyen de tamaño...


...y van dando paso a la gayuba y a terreno abierto

Haciendo quiebros y requiebros, gano algunos metros yendo ligeramente hacia la izquierda, para otra vez verme sin salida. Investigo un poco más, y resulta que por la derecha hay futuro. Poco a poco, las rocas son más pequeñas y más espaciadas, y por fin, salgo a campo abierto: una anchísima loma alfombrada de gayuba, por la que se puede avanzar por cualquier lugar. La subida es monótona, pero voy satisfecho de haber superado esta prueba. Llego a una cima vulgar y corriente, la de la Cabeza del Mostajar, pero las vistas de lo que queda de itinerario compensan con creces todo lo recorrido hasta ahora. La visión del Ocejón desde aquí es para mí (aunque aún me queda alguna por ver) la más hermosa de todas las que me ha ofrecido la montaña hasta ahora. Lo que queda, de nuevo, no tiene buena pinta. Una cresta preciosa pero de aspecto laberíntico sale poco más allá de donde estoy y, recorriendo un largo collado, concluye cuando los últimos doscientos metros del Ocejón comienzan a empinarse.


Desde la cima de la Cabeza del Mostajar, el Ocejón. Pulsar para ampliar. El gran giro a la derecha en la subida final se puede evitar acortando de frente, pero es terreno más incómodo


A la derecha de la cresta, pero doscientos metros más abajo, los verticales crestones de Peña Mala


Iniciando la cresta del larguísimo collado


Algunos pasos incómodos me hacen preguntarme si se podrá seguir


Pero justo ahí, aparece un senderito por entre la gayuba (ampliando la foto se ve en la esquina inferior derecha), que me conducirá a lo largo del resto de la cresta

Me adentro en la cresta, y voy localizando los mejores puntos para sortearla con facilidad. En un roquedo, empiezo a intuir que aquí se acabó la fiesta, pero fíjate por dónde, aparece al otro lado un sendero bien marcado abriéndose paso entre la gayuba que rodea las rocas. El senderito continúa y continúa, buscando siempre los mejores pasos, aunque cuando la cresta empieza a subir, deja de verse claramente por dónde va. No importa, porque se avanza bien por el lado derecho. Ya sólo quedan las últimas rocas, que se bordean por un cuello de botella en el lado izquierdo. Superado el roquedal, se sale de nuevo a la gayuba, ya en la base del Ocejón. El sendero, en vez de seguir de frente hacia una brecha que se ve a la derecha de la cumbre del Ocejón (aunque luego veré que ni es la cumbre ni la antecumbre, sino otra más alejada), se va yendo en horizontal hacia la derecha, borrándose rápidamente. Se da vista a una barrera rocosa de color verdoso, como a unos cien metros de distancia, y justo ahí, hay que ganar altura en línea recta loma arriba, por terreno de piedras sueltas fácil de recorrer.


La cresta no es compleja en sí misma, pero sin una idea clara de por dónde ir, podría resultar trabajosa


Aproximándome al final y al inicio de la base del Ocejón

Desde el otro extremo, la cresta pierde mucha fotogenia. Al fondo se la Cabeza del Mostajar


Campillo de Ranas desde el final de la cresta


Se sale de la cresta a una gran extensión de gayuba, donde el sendero va en horizontal hacia la derecha


Al dar vista a estas peñas, se gira completamente a la izquierda...


...para ir subiendo por terreno fácil, de pequeñas piedras sueltas

Poco a poco, hay que irse hacia la izquierda, por donde el terreno es más favorable, para salir justo debajo de la brecha que antes mencionaba, donde hay un gran hito. Siguen los hitos por el lado izquierdo del supuesto roquedal cimero, recorriendo estrechas terrazas horizontales donde aparece algún que otro hito, y con algunos pasos que para el que tenga vértigo le pueden resultar un poco incómodos, aunque no hay peligro alguno. Vemos una cima secundaria del Ocejón, con un gran monolito de piedras, y al que hay que dirigirse. Desde él, y sólo al llegar a él, se ve por fin el vértice geodésico del Ocejón, unos cien metros más allá, casi a la misma altura. Ahora se va bien por arriba entre las dos cotas.


Al llegar a una brecha, me fui unos metros hacia la derecha (cota 2028 m.), desde donde ya se veía la cumbre sur del Ocejón. No se puede ir a ella de frente, aunque desde aquí parezca que sí, sino perdiendo altura por la derecha o con algo más de miga un poco por debajo de la cresta, por la izquierda. Hice esto último a la ida y lo anterior a la vuelta


En una mini-brecha más allá de la brecha principal encuentro unas banderas tibetanas de oraciones, como las que se colocan en los altos pasos de montaña del Himayala de Nepal, India o Tíbet


El único paso en el que hay que usar las manos, antes de llegar al monolito de la cumbre sur

Hacía doce años que no subía a esta cima, y casi no recordaba nada de ella. La otra vez que subí, la primera, hace ya veinte años, fue envuelto en niebla cerrada, por lo que fue como no haber subido. Pero hoy, por problemas de horario, tampoco voy a poder disfrutar de ella. Cinco minutos escasos fueron todo lo que me pude permitir allá arriba, pero espero que en las ascensiones que me quedan por otras vertientes me pueda explayar más en la cumbre.


La cumbre sur del Ocejón, con el buzón


La cumbre principal, con el vértice geodésico. Detrás, la otra

Estuve tentado en hacer el descenso hacia Majaelrayo, por la ruta habitual a esta cumbre, más que nada por no tener que andar averiguando de nuevo por dónde ir esquivando la maleza y las rocas, que no siempre se tiene tanta suerte ni buena memoria. Pero los largos kilómetros por carretera entre Majaelrayo y Campillejo no me animaban lo más mínimo. Así que decidí volver por el itinerario de subida. Desde la cumbre no volví inicialmente por el lado oeste de la montaña, sino por el lado este, por terreno menos vertical y más sencillo, pero menos interesante. El descenso desde la brecha por las piedras sueltas hasta el final de la gayuba resultó ser un poco latoso, pero toda la cresta y el descenso desde la Cabeza del Mostajar fue rapidísimo y sin dudas. El problema fue al llegar al pinar, porque en algunos puntos no reconocía por dónde subí exactamente, y perdí el tenue sendero en varias ocasiones. Al final del pinar, antes de llegar al camino, me interné en el apretujado bosque y anduve dando vueltas sin reconocer nada, hasta que luchando con ramas varias, salí a buen puerto.


Los roquedos de la cumbre del Ocejón, en la vertiente de Valverde de los Arroyos

El itinerario por la pista, largo y aburrido, y lamentando no haber tenido la bicicleta escondida entre unos arbustos. En definitiva, es un itinerario muy interesante, que lo sería mucho más si estuviera más limpio de maleza y señalizado con hitos en la parte intermedia.